En Marruecos la solidaridad, que es una virtud muy aplaudida en todo el mundo, es un defecto grave, se puede decir, incluso, gravísimo. Es una costumbre entre los marroquíes exigir solidaridad y más solidaridad que nunca nunca es suficiente. Le preguntas a alguien, por ejemplo, que tal está? Te responde, como siempre, bien, Alhmduliah, y luego si decide entrar en detalles y le da por desahogarse, cosa también muy frecuente, empieza por contarte su mala situación, su falta de suerte, su ingenuidad porque en un tiempo ha sido bueno con todo el mundo, nunca hizo cuentas con nadie y ahora que sí está , por ejemplo, sin trabajo, la gente le ha dado la espalda y nadie se acuerda de él. La culpa, siempre, la tiene el hermano, el primo, el amigo o el compatriota. Jamás el estado. Cuando un marroquí consigue un trabajo tiene que tener en cuenta toda su familia, a los amigos, a los compatriotas, sino va a enfrentarse a una acusación grave, la de “falta de solidaridad”. Es una deshonra que rehuímos todos. En Marruecos no hay un sistema de seguridad sólido y eficiente y tampoco la gente cuenta con sus servicios. La verdadera seguridad social para la mentalidad marroquí son los hijos que tienen que crecer los antes posible y trabajar lo antes posible para poder mantener a los padres. A La gente le preocupa más el MÁS ALLÁ , si va al infierno o al paraíso que asegurar su futuro terrenal y preocuparse por las pensiones y la jubilación. La comunidad marroquí que vive en el extranjero piensa antes en como ayudar a sus hermanos, sus familiares, su aldea que en la educación de sus hijos y su bienestar propio. Bueno, mientras al otro lado del charco están satisfechos, cosa imposible ya que toda solidaridad es poca, todo está bien. El inmigrante marroquí, que trabaja de sol a sol como un burro con el fin de mandar remesas y más remesas, descuida a sus hijos, no les educa, mejor dicho, no gasta en su educación, les priva de muchas cosas, de su cariño y presencia propios. El resultado es nefasto. Una generación entera que sufre el desarraigo , el fracaso y la humillación .Tan humillada que el chulo de Sarkozy se atreve a llamarnos escoria. Somos escoria, entonces, por culpa de nuestra exagerada solidaridad. El problema es que nuestro sacrificio no ha tenido ningún efecto considerable en nuestro país de origen. Marruecos sigue siendo igual que siempre, a veces da la sensación que empeora. Para colmo sus responsables nos tratan como la vaca lechera, somos buenos mientras mandamos remesas, después nos sacrifican. Somos buenos porque todavía somos la primera fuente de ingreso del estado. Pero, cuando tienes un problema arréglalo tú solito. Los marroquíes saben muy bien a que problema me refiero.
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